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Centro Multidisciplinar en Prevención y Tratamiento del Dolor

Comencemos con Ana María, paciente que sufre dolor crónico… ¿Qué pedirías?

   A mí me gustaría ver durante una semana toda la gama de colores de la vida, tener una paleta como esas que tienen los pintores, con la que crean otros matices. Yo sueño con los colores que quisiera que compusieran mi paleta, uno sería: que no me doliese nada, otro color sería: no estar agotada, otro color sería: tener un descanso nocturno reparador, otro color sería: no tener el cuerpo envarado y rígido como un palo, otro color sería poder pensar con claridad… y si la vida me concediera esa paleta de colores, yo me encargaría de mezclarlos de tal manera que sacaría matices infinitos
Tantos como algún día tuvo mi vida.

Mi lienzo no fue siempre entre gris y negro, hubo un tiempo en el que había colores… o eso creo recordar

   Apoyándonos en el contexto científico al que pertenecemos, cuando nos enfrentamos clínicamente a los pacientes que sufren esta sintomatología tenemos que dar respuesta a su propia expresión sobre la enfermedad, al igual que Ana María existen otros pacientes que nos revelan sus pensamientos de formas distintas, ``me acostumbré a que el dolor fuese una constante en mi vida´´, ``nadie me entiende´´,  ``si dudas de mí, te presto mi cuerpo´´, ``me duelen hasta los abrazos´´… cada uno de ellos transmite una demanda diferente aunque nos lleve al mismo punto común, su dolor.

Esto confirma la necesidad de intervenir desde un punto de vista integrador que sea capaz de abordar cada caso de forma individual. Estamos obligados a ofrecer alternativas científicas que aporten mejoras en la modulación del dolor y el ejercicio ha demostrado ser también una estrategia terapéutica efectiva para ello.

El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable relacionada con una lesión real o potencial o que se des cribe en los términos de dicha lesión.

Cuando utilizamos esta definición académica muchas veces no somos conscientes de la verdadera dimensión de sus términos. El dolor no es una percepción, eso sería pura nocicepción, se limitaría al registro de un estimulo desagradable (muchas percepciones como olores, sabores, sonidos… son desagradables y no los definiríamos como dolor), al menos no es una percepción simple. El dolor, tiene además un componente cognitivo-discriminativo que nos permite definir el tipo de estimulo, esta es la razón por la que distinguimos el paso del cuchillo por nuestro dedo de la puerta que se cierra sobre él, nos ayuda a integrar y relacionar el estimulo y su intensidad (el agradable calor de la lumbre cuando hace frio en el exterior, y la sensación de quemadura si acercamos la mano demasiado, que además relacionamos con nuestra experiencia anterior con ese, u otro estimulo).

Sin embargo, el hecho verdaderamente diferencial del dolor es la elaboración emotiva, es la que hace que los corredores de fondo no paren a pesar del sufrimiento, la que nos mantiene agarrados “del clavo ardiendo” para evitar caer al vacío, la que anima a las mujeres a seguir empujando en los partos a pesar de que lo que notan es progresivamente mayor durante el parto.

El dolor supone una elaboración, relacionada con nuestra experiencia y con nuestras expectativas que convierte y modula la mera percepción. Más aun cuando el dolor se perpetua en el tiempo. Si una percepción aislada puede acarrear múltiples elaboraciones, una percepción mantenida añade la continuidad como variable principal a la ecuación.

Por todo lo anterior, la evaluación del dolor es un proceso complejo que depende desde luego del paciente,  de su experiencia, de su cultura, de su expresividad, pero también de la del terapeuta que debe calibrar el mensaje y catalogarlo.

Afortunada o desgraciadamente, nuestras experiencias y estrategias de comunicación son múltiples y no siempre extrapolables.

 La evaluación mediante escalas cualitativas unidimensionales es un primer intento de medida (leve, moderado, severo) aunque sujeta a sesgo que a veces puede alterar el diagnostico.

Sin duda la EVA es la escala más empleada un segmento sin marcas excepto en sus extremos, desde la ausencia de dolor al dolor mayor imaginable

"El Dolor habla por sí solo, y el Ejercicio es una humilde manera de provocar un considerable Silencio"

El músculo esquelético representa el mayor órgano del cuerpo humano y por tanto, tiene la capacidad de intervenir en numerosos episodios de dolor que atormentan a nuestros pacientes.Hasta hace pocos años, DOLOR y EJERCICIO FÍSICO, eran términos incompatibles, incapaces de coordinarse con un único objetivo, la curación. Por suerte, las actuales líneas de investigación apoyan las intervenciones con ejercicio para alcanzar el fin que todo profesional sanitario desea, aportar calidad de vida en sus pacientes paliando su intensidad de dolor.

El dolor es una experiencia compleja, mediada por receptores neuronales y modulada a varios niveles hasta hacerse consciente e integrarse como algo más que una simple percepción. El dolor es una cualidad humana que se distingue de la simple nocicepción en esa elaboración intelectual y afectiva.

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